Aunque son británicos, parecieron salir de un cascarón que encerrase el embrión de unos nuevos New York Dolls. Tenían energía, excitación y explosividad. Tanto en estudio, con su debut, "Strange House" (2007), desparrame de garage-punk, como en directo, con conciertos viscerales, pensados por y para jóvenes. La continuación de ese primer capítulo, sin perder señas de identidad, se ladeó hacia una