

Los libros de anatomía quizás no lo expliquen, pero el soul y el blues no dejan lugar a dudas: la cadera está directamente conectada con el corazón. Ese hecho que da patente en casi cada nota que sale de Black Joe Lewis and the Honeybears y que se demuestra en su debut, Tell ‘Em What Your Name Is.
Parafraseando a Ike y Tina Turner, Tell ‘Em What Your Name Is le da a Lewis la oportunidad de tocar “nice and easy as well as nice and rough”. Sus compañeros y él toman cada uno de estos caminos, desde el fiero comienzo con los metales vibrando en “Gunpowder” hasta el himno “Big Booty Woman”. Pero hay más de un truco en su sombrero, como comprobamos con la marcha de Nueva Orleans en “Master Sold My Baby”.
“Es raro… la gente dice que toco todas esos tipos de canciones distintas, y supongo que es así, pero todas salen de manera natural”, dice Lewis, que cita a James Brown y Lightnin’ Hopkins como dos de sus máximas influencias. “Si me siento a intentar componer una canción, me sale algo artificioso. Todas las canciones de este disco las hice sobre la marcha. No podría volver a tocar muchas de ellas si no estuviesen grabadas”.
“lo bueno de esta banda es que tocamos el uno para el otro, no el uno contra el otro”, explica el guitarrista Zach Ernst. “no es un concurso de egos, que e slo que pasa con muchos grupos. Nos comunicamos sin necesidad de hablarnos, y creo que se debe en gran parte a la actitud de Joe: tiene una capacidad increíble para arrastrar a la gente. Para mucha gente, el blues es una pieza de museo, pero Joe es capaz de traerlo al momento actual”.
Si no hubioese sido por una jugarreta del destino, Lewis nunca se hubiese subido a un escenario. Creció en la pequeña localidad de Round Rock (Texas), y era más probable encontrarlo en el campo de football que en la sala de ensayo. Pero un trabajo en una casa de empeño le llevó a una encrujizada.
“Mi padre y mi tío escuchaban soul y blues cuando yo era niño, pero nunca me fijé demasiado en ello”, dice Lewis. “Cuando tenía 19 o 20 años, trabajé en una casa de empeño y mucha gente traía guitarras. Un día empecé a juguetear con una, me la llevé a casa y empecé a aprender por mi cuenta”.
Animado por sus amigos, Lewis comenzó a actuar en noches de micrófono abierto en su localidad natal, un periodo que recuerda como algo “horrible”. “Normalmente estaba o demasiado borracho o demasiado asustado para hacer un buen concierto, pero la gente siempre me pedía que volviese”.
Aunque llegó a formar un grupo sólido, Lewis no fue capaz de capturar el duende que estaba buscando y consideró seriamente la retirada. Pero entonces apareció Ernst.
“Yo trabajaba en la Universidad en Texas, y habíamos contratado a Little Richard para un concierto, e inmediatamente pensé en Lewis”, dice el guitarrista. “Sabía que estaba pensando en retirarse y que se había puesto a trabajar en un restaurante, así que fui a buscarle como fan y Lewis acabó tocando en ese concierto con su antigua banda”. Sus habilidades llamaron la atención de la prensa local y de grupos vecinos como Okkervil River o Spoon, que contaron con ambos para abrir sus conciertos.
“Joe es un tío realmente especial, un “Performer” realmente natural”, asegura Jim Eno, batería de Spoon, que pensó que podría prestar sus conocimientos de producción al grupo. “Fuimos capaces de grabar el 75% del disco en directo, algo que muy pocas veces puede hacerse”.
“Tal y como lo veo, tengo que superar mi juego cada día”, dice Lewis. “Lo veo como un reto. Es genial que ahora la gente nos conozca, pero tenemos que conseguir que la gente siga interesada y hacer que otros más lo estén. Si no te mueves hacia delante, nadie te va a hacer caso. Y yo quiero asegurarme de que la gente nos haga caso”.
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